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OBJETOS FUERA DE SU TIEMPO (1)

Las exploraciones de los arqueólogos han hecho y siguen realizando multitud de revelaciones que tanto nos enseñan acerca de las antiguas civilizaciones, haciéndonos revivir el pasado.
En un comienzo todos los hallazgos parecían mostrar cierta continuidad histórica, con una progresión casi lineal, y todo hubiera sido perfecto si no fuera por esos descubrimientos históricamente incongruentes.
Entre ellos, esos "artefactos imposibles", tambien llamados OOPARTs (Out Of Place Artifacts), que plantean numerosas cuestiones que, por desgracia, no reciben contestaciones satisfactorias. Así, cuando no se les ignora, se les atribuye el título de objetos de culto; pretexto muy práctico que permite esquivar el problema.
Pero la cuestión es algo muy diferente, porque todo esto lo que demuestra es que ciertos hombres tuvieron acceso a un conocimiento fuera de su tiempo, a una tecnología secreta, utilizada y luego olvidada.
Por tanto, se merecen una investigación detenida para que no terminen convirtiéndose en meras reliquias "mágicas".
Desde la aparición de la vida la escala de tiempos es impresionante. ¿Por qué no se podría concebir que no hubo una humanidad única o tampoco una civilización única?
La desaparición completa de los dinosaurios nos trae la prueba de que una extinción global a nivel planetario es posible.
Posteriormente la vida se reanudaría lenta pero inexorablemente a partir de algunas especies sobrevivientes.
De la misma forma, tenemos rasgos de antiguas civilizaciones que desaparecieron por completo, por ejemplo en Nazca, en Nan Madol o en Zimbabwe.
Entonces, partiendo de estos antecedentes, podríamos preguntarnos, ¿y si, por ejemplo, la Atlántida no fue sólo un mito?.
Antes de la aparición de la escritura, había una tradición oral que desde las épocas más remotas nos relata hechos gráficos y muchas veces confluentes. Descubrimientos recientes corroboran ciertas leyendas, lo que significa que se merecen una atención particular. El hallazgo de Troya es uno de los ejemplos de todo esto.
En todo caso, el mayor reparo expuesto a esta hipótesis es que no encontramos ninguna prueba de algún objeto manufacturado anterior a nuestra Civilización que pudiera conducirnos a esa otra teoría. Pero la realidad es discrepante, porque…¡¡existen!!

EL MARTILLO FÓSIL

Se trata de un martillo fosilizado en el interior de una piedra. Basta con mirarlo para darse cuenta de que se trata de una herramienta humana. Sólo hay un problema, uno muy considerable, posee una antigüedad de 140 millones de años, o lo que es lo mismo, data de una época anterior a la existencia de nuestros ancestros. El llamado martillo fósil fue hallado en 1934 muy cerca de la localidad de London, en el estado norteamericano de Texas. La familia Han durante un paseo por el campo, se acercó ingenuamente a un desprendimiento reciente de pared rocosa. Cuál sería su sorpresa al descubrir, semienterrada, la cabeza de un viejo martillo de hierro con su gastado mango partido. Se encontraban frente a lo que es uno de los objetos más estudiados por la arqueología moderna. Apareció incrustado en el interior de una roca, lo que desde un principio obligó a los estudiosos a sospechar que tenía una antigüedad extrema. La madera del mango del martillo estaba fosilizada y la cabeza, de hierro, se fundía con la piedra. ¿Qué significaba esto? Sencillo, que el martillo era anterior a la roca.
Durante cinco décadas, nadie quiso investigar esta pieza, que estuvo relegada al ostracismo en la vitrina de un pequeño museo, el Somerwell de Texas.
Afortunadamente cayó en manos de otros investigadores que, pese a estar influenciados por ciertas corrientes creacionistas, favorecieron la posibilidad de un análisis detallado. El mango del martillo es de madera, pero dicha madera se encuentra petrificada. La parte interior, porosa, se ha transformado en carbón. Precisamente, en aquellos lares la petrificación de la madera es algo que ha ocurrido con cierta frecuencia. Son bien conocidos los bosques de árboles petrificados de Texas, que no son sino la consecuencia de un proceso geológico normal mediante el cual la madera muy antigua acaba convirtiéndose en piedra. Para que esto ocurra deben haber transcurrido nada menos que 140 millones de años. Este es el primer dato desestabilizador que proporciona este objeto. Y es lógico, puesto que los primeros hominidos no surgen hasta hace 7 millones de años y no fue hasta hace 2 cuando nuestros ancestros comenzaron a fabricar herramientas.



Respecto a la cabeza del martillo, el misterio es todavía mayor. Recientemente se han efectuado nuevos análisis en el Instituto Metalúrgico de Columbia, en donde los investigadores descubrieron que está formado en un 96,6 por ciento por hierro, en un 2,6 por ciento por cloro y en casi un 1 por ciento de azufre. Tal combinación de elementos significa que el objeto es de hierro casi puro, algo que sólo puede conseguirse empleándose avanzadas técnicas metalúrgicas. Además, los investigadores efectuaron varias radiografías del objeto. Gracias a los rayos X dedujeron que durante su fabricación, el hierro empleado fue purificado y endurecido. Para conseguirlo, es necesaria la utilización de una tecnología metalúrgica muy reciente. Pero la roca, tras los estudios geológicos pertinentes, resultó tener 140 millones de años, y según señalan los estudiosos, se sedimentó después de la fabricación del martillo.
Separaron la piedra del objeto, lo que provocó una muesca en la parte superior de la roca. Parecía formar parte de algo parecido al recubrimiento del objeto, lo que indujo a un nuevo análisis.
Formada por hierro en cuatro quintas partes, la muesca contiene silicio, azufre, calcio, potasio y cloro, lo que significa que es producto de un proceso poco común. Al estar fundida la cabeza del martillo con la roca, se ha sospechado que dicho proceso podría deberse a que en tiempos, el objeto estuvo sometido a una presión atmosférica distinta de la actual, lo que nuevamente nos obliga a pensar en una época remotísima. Como explicación natural se ha propuesto la posibilidad de que la cabeza del martillo perteneciera al hierro procedente de un meteorito. Sin embargo, los elementos hallados en la pieza no coinciden con los que sería de esperar de una roca procedente del Sistema Solar. Además, el proceso posterior habría originado impurezas en el metal que no se habrían escapado del escrutinio de los laboratorios que participaron en el análisis.
Ha sido datado en una época en la que sobre la faz de la Tierra las criaturas que lo poblaban eran muy distintas a las de ahora.
Faltaban millones de años para que los humanos apareciéramos en escena. Y sin embargo, manos como las nuestras fabricaron y usaron ese martillo.

LA MÁQUINA DE ANTIKITERA

En el año 1900, unos pescadores de esponjas descubrieron el pecio de una nave romana, a una profundidad de 42 metros, cerca de la costa norte de la isla griega de Antikitera.
Se había hundido en esas costas en el año 80 antes de Cristo.


Entre las numerosas ánforas, estatuas de bronce y de mármol, jarrones o monedas de oro y plata, apareció un pequeño objeto que, entre tanta pieza valiosa, apenas destacaba y hoy, sin embargo, se ha convertido en la más imponderable de todas ellas. No se le prestó atención, sólo parecía una piedra calcárea en medio de inestimables tesoros.
Hasta el año 1955, nadie quiso darse cuenta de que la pieza albergaba un secreto que había esquivado veinte siglos sumergida en aguas del Mediterráneo.
En un comienzo, las ruedas dentadas y las graduaciones hicieron pensar en un astrolabio y así fue catalogado en el museo de Atenas. Hasta el día en que un físico inglés de espíritu abierto y curioso, el Dr. Price, no se conformó con una explicación tan sumaria. Tras limpiarlo y extraerle las impurezas, nos mostró la verdadera dimensión del objeto encontrado.
Así, con aplicación de una desoxidación electrolítica, puso en evidencia las esferas, las agujas, una veintena de engranajes (sacados de placas de bronce de 2 milímetros de espesor) y los diferenciales del mecanismo manual.
Entonces descubre que este mecanismo en realidad es un "antiguo ordenadora griego" que permite describir muy precisamente los movimientos de los astros, especialmente del sol y de la luna.
¡¡ Objeto curioso en el supuesto desierto tecnológico de los griegos !!
De paso diremos que en el siglo II antes de Jesucristo, Herón de Alejandría había escrito un tratado acerca de la construcción de autómatas hidráulicos, y que anteriormente, en el siglo IV antes de Jesucristo, Archytas de Tarente habría hecho volar un "pájaro mecánico".
La máquina apenas tiene una longitud de unos pocos centímetros, aunque sus detalles están trabajados como si su constructor hubiera dispuesto de una lupa de mil aumentos, y que se sepa, entonces la lupa aún no se había inventado.




Los expertos han concluido que el mecanismo es un reloj mecánico, astronómicamente perfecto y extraordinariamente preciso. Y que no se nos olvide un dato, hasta el siglo XX no ha podido obtenerse una máquina similar, pero alguien en tiempos anteriores a Jesús ya había desarrollado una tecnología lo suficientemente avanzada como para lograrlo.
La máquina de Antikitera no es más que el comienzo que viene a quebrar esa “verdad” sobre la continuidad histórica de progresión lineal, que se nos quiere imponer a la fuerza. Una conocida publicación científica «Scientific American» ya lo dijo en su momento: “Este hallazgo nos obliga a revisar nuestros conocimientos sobre la Ciencia”.

LAS CALAVERAS DE CRISTAL

En 1924, la joven Anna Le Guillon Mitchell-Hedges, de 17 años, junto a su padre adoptivo, el explorador inglés Frederick Albert Mitchell-Hedges, descubren una calavera de cristal de roca en las ruinas de un templo de la ciudad Maya "de las piedras caídas" en Lubaantún, en Belice.
Exceptuando la ausencia de suturas craneanas, es una reproducción casi perfecta de una calavera de mujer. Pesa 5 kilos. Está dividida en dos partes, la mandíbula superior y la inferior, ajustándose ambas a la perfección. Sus propiedades ópticas son sorprendentes: Alumbrada por debajo, la luz sale por las cuencas. Alcanzada por detrás por los rayos del sol, un intenso haz luminoso, capaz de encender fuego, sale por las cuencas, la nariz y la boca.
Seguros de su autenticidad, aceptan confiar la calavera a un equipo de científicos especializados en cristalografía de la sociedad Hewlet-Packard.
Al cabo de 6 meses de pruebas, dan a conocer los resultados:
- Está hecha con cuarzo natural sumamente puro, de dióxido de silicio "piezoeléctrico" anisótropo.
- Las dos partes están talladas en el mismo bloque de cristal de roca.
- Ninguna huella de instrumentos, ni siquiera rastro microscópico.
- El cristal no envejece. Sin señal de fabricación, resulta imposible fecharla.
- Con una tecnología moderna y con diamante haría falta un año de trabajo para conseguir el aspecto exterior. En cuanto a los efectos prismáticos, su reproductibilidad resulta aún más dificultosa. ¡ La fabricación manual hubiera necesitado 300 años de una labor continua !
Un investigador del equipo declaró: ¡Este maldito cacharro ni siquiera debería existir!...
Existen otras calaveras de cristal, cuyo descubrimiento o adquisición tampoco han sido claramente asentados.
En el año 1996, aceptaron prestar su calavera al British Museum con el fin de que realizaran un peritaje.



Un cubilete de cristal fechado por lo menos en 500 años antes de Jesucristo, y una calavera moderna fabricada en 1993 en Alemania por Hans-Jürgen fueron utilizados como muestras.
Y el resultado… ¡ Silencio ! ¡ No Comment !
Desde entonces, las autoridades del British Museum se niegan con empeño no sólo a revelar sus conclusiones sino también en no decirnos por qué.
Lo que representa un nuevo ejemplo de la dimisión de los científicos ante otro de esos “descubrimientos imposibles”.
Una leyenda Maya referida a estas calaveras de cristal dice: “Cuando las trece calaveras estén reunidas, revelarán el secreto de la vida”…

LA PILA DE BAGDAD

Las primeras pilas eléctricas datan del año 1800, ¿o tal vez no? ...
En 1938, un arqueólogo austriaco, el Dr. Wilhelm Könnig, estudió un "objeto de culto" depositado en el fondo de los sótanos del museo de Bagdad.
Se trataba de un vasito de terracota de 15 centímetros de altura por unos 7,5 centímetros de diámetro. Emergiendo del tapón bituminoso, una varilla de hierro aparece insertada en el interior de un cilindro de cobre y aislada de él por un tapón de asfalto en su base; siendo el cilindro de cobre soldado con su capucho de una aleación plomo/estaño. El cobre lleva una pátina azul característica de la galvanoplastia con la plata.
Los primeros exámenes sirvieron para designar su antigüedad. Databa de entre los años 227 y 126 antes de Cristo.
Könning y posteriormente el ingeniero Willard Gray, llevados por un innato interés por saber para que pudo haberse empleado, reprodujeron el artefacto. El primero, utilizando un electrolito convencional. Para su sorpresa, la varilla metálica se activó eléctricamente. El segundo, utilizando zumo de uva como líquido alcalino. Un material que estaba perfectamente disponible y en abundancia en el Irak de aquel tiempo. Sumergió en él una pequeña estatuilla de plata y el resultado fue de lo más inquietante: la estatuilla de plata, tras dos horas, adquirió un tono marcadamente dorado.



Ya no hubo más dudas, aquel extraño artefacto había servido hace más de dos milenios como una pila eléctrica.
Posteriormente, los arqueólogos fueron descubriendo en la antigua Mesopotamia más artilugios similares. Algunos, incluso, de mayor potencia que la relatada.

NANOTECNOLOGÍA

Desde 1991, prospectores de oro primero y luego expediciones científicas comisionadas por el Instituto central de investigación científica de geología y de prospección de metales preciosos y noferrosos de Moscú, han ido descubriendo objetos metálicos, muchos en forma de espiral, cuyo tamaño varía desde 3 centímetros para los mayores hasta ¡ 3/1000° de milímetro ! para lo más pequeños.
Millares de esos artefactos han sido encontrados en muchos emplazamientos en la parte oriental de los montes Ural, en las orillas de varios ríos, en unas capas sedimentarias que datan del pleistoceno superior, en varias profundidades que oscilan desde los 3 hasta los 12 metros.
Los mayores son de cobre, mientras que los pequeños son de tungsteno cuyo punto de fusión esta en los 3410° C., o de molibdeno, 2650° C.



Según el sitio y la profundidad en donde se encontraron, su antigüedad se estima entre 20.000 y 318.000 años. Y la cuestión es obvia… ¿quién pudo construir esos artefactos en aquel tiempo?
Estos objetos han sido estudiados por la Academia de Ciencias rusa de Syktyvka, Moscú y San Petersburgo, así como por un instituto científico de Helsinki en Finlandia.
El Instituto de Moscú publicó un informe pericial fechado el 29 de noviembre de 1996, que lleva el número 18/485 que concluye: "Los datos obtenidos permiten pensar en la posibilidad de una tecnología de origen extraterrestre."